El cantor alegre

El cantor alegre

No habló y se quedó muda.

Se quedó muda porque

Le habían robado el alma y el grito.

 

Y se quedó muda con su fiebre.

 

Febril salió al mar,

sin miedo a empeorar.

 

Y allí se encontró la risa,

un bello cantor

que lo daba todo en cada bocanada.

 

Y ella guardándose sus palabras

para que sólo

la punzaran a ella.

 

Y así continuó muchas noches,

recibiendo el amor del cantor

y dejando de punzarse,

hasta que un día,

después de muchos días,

vió más vivos los rosas

y los rojos de las flores.

 

Bajó la guardia que contenía las palabras,

los gritos, los llantos,

las penas, los tiempos,

y los soltó

y se los entregó a sus dueños.

 

No quiso retener más

a sus dueños por deberles palabras.

 

Dio las palabras

y los dejó libres.

 

Julio 2011

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